Luis Salazar: La terquedad como acto poético

Escrito por: Redaccion
julio 22, 2025

Luis Salazar Ramírez no se define como realizador audiovisual, aunque ha hecho cine. Tampoco se asume como formador teatral, aunque ha guiado procesos escénicos. Es, ante todo, poeta. Un poeta obstinado que cree en la creación como acto de resistencia, en la memoria como motor y en la ciudad como una obra colectiva.

En esta entrevista para CULTURALT, nos habla de su trabajo con el colectivo El Hongo, la editorial artesanal Ediciones Malviajadas, el proyecto fílmico Tuluá-Limosna y su participación en el Festival Internacional de Cine Tuluá Borikén. Luis escribe como vive: con fuego, ironía y un amor profundo por lo que otros desechan.

Luis viendo a alguien.
  1. Eres realizador audiovisual, poeta, editor y formador teatral. ¿Cómo logras que todas esas voces creativas no compitan entre sí, sino se escuchen en tu obra?

Luis Salazar: No soy realizador audiovisual,  soy  un imitador de la realidad, un cómplice del mundo, un retratista, un dibujante, un chismoso y utilizo una cámara (que no sé manejar y que alguien maneja por mí) para repetir la película que nadie más grabó. El cine me llenó de vida y de un particular aprecio por la ciudad que antes, desde mi trabajo poético, no tenía. En la poesía pretendía destruirlo todo a través de mi oficio, los versos que se contemplaban no generaban amabilidad ni una amistad valiosa con la ciudad. La forma en la que retrataba dependía siempre del caos que tuviera adentro. Luego llegó el cine, no lo veía como industria sino como una forma amable de construir amistades para lograr cualquier cosa donde se vinculara la imagen. La ciudad desde mi ojo se volvió un altar, cada persona, cada puente, toda casa, cualquier perrito callejero, cada uno de los árboles que construyen la memoria de una ciudad que se fue expandiendo, el río que llenó mis ojos siempre en ese contraste entre el paisaje urbano y el paisaje rural…el cine y la poesía como sello personal armonizaron lo que soy ahora… no sé si realizador audiovisual, pero creo, fielmente, en construir a través del poema. La poesía como puente.

Formador teatral es muy ambicioso, no he podido memorizar 3 ejercicios básicos para que los estudiantes se desplacen y jueguen en el espacio. Lo importante es enseñar a que los niños peguen el chicle bajo el pupitre, a que no hagan la tarea de historia, a que tiren burbujas de jabón hacia el cielo y a que no piensen en la guerra.

El único título verdadero que tengo, graduado sin honores, es el de poeta, no por escribir versos chimbas, sino por haber vivido sin remordimiento y por arder. Poeta desde la búsqueda del amor y el camino que no halla el camino, sino que lo desborda. Poeta por recordar tanto la infancia y cuidarla a pesar de todo. Este cuerpo, este camino, es mi obra.

Pienso que la voz de la obra es una sola. Yo que no estudié, mientras lavo platos en el restaurante donde trabajo los finchos solo puedo pensar en el siguiente poema, la siguiente historia que le robo a la cotidianidad y en la certeza de que lo que he escrito es ingenuo, pero honesto.

Los amigos de Luis, protagonistas de su película, el de gafas blancas toca chimba guitarra.
  1. La terquedad de retratar el mundo parece ser parte de tu oficio. ¿Qué es lo que más te obsesiona contar desde lo cotidiano, lo íntimo o lo político?

Luis Salazar: La terquedad que llevo desde que nací, lo obstinado que me he vuelto en la búsqueda de los proyectos y lo que he podido lograr se lo debo a mi credulidad, es decir, si me dicen que no puedo, que no debo, es todo lo contrario.

Pienso que a mí no me obsesionan las ideas de lo cotidiano o lo íntimo o lo político, no me como las uñas mientras llegan. Soy un león, esperando paciente el momento en el que la presa se acerque para cazarla. Así, sin afán, recojo las ideas. 

Fotograma de Tuluá-Limosna, se pueden observar cinco seres en su hábitat.
  1. En tu proyecto cinematográfico Tuluá-Limosna apuestas por un cine desde y para el territorio. ¿Cómo nació esa historia y qué buscas provocar con ella?

Luis Salazar: Tuluá Limosna es un proyecto que me permitió retratar a mis amigos, honrar sus vidas, sus espíritus salvajes y a veces infortunados. El fin era recordar nuestras hazañas sin buscar el mérito de que algo fuera a salir visualmente bien. Con este proyecto aposté y sigo apostando (el dinero que no tengo), a que en Tuluá haya un desarrollo de industria cinematográfica, que HAGAMOS COLECTIVAMENTE, ante todo. 

Tuluá Limosna nació —Y no nació del todo, falta la película—, de un gusano venenoso que tenía en mi cerebro. Pienso que las fiestas, las drogas, el rocanrol, el camino, no eran suficientes para mantener a una generación de amigos viva.

@editorial_malviajada
  1. Ediciones Malviajadas ha publicado voces emergentes y se construye desde lo artesanal. ¿Qué significa para ti editar y producir libros a mano en esta era digital?

Luis Salazar:Este trabajo significa resistir al tiempo, comprometerse con las nuevas voces y con el oficio de la escritura. Una editorial flexible con los poetas y escritorxs que nunca han publicado o sí, pero solo en redes, facebook, x, pornhub etc y que tienen en sus textos calidad literaria es una oportunidad de vida para seguir creando, explorando límites  y para no estancar sus versos. Invito a los interesados a que envíen, a que copien y a que se acerquen a este proyecto como lectores y como creadores.

Tener libros de poesía físicos es importante, a veces, no hay papel higiénico y se escogen algunas lecturas imposibles. 

  1. En el teatro, con tu colectivo El Hongo, has montado obras propias como “Una noche en el cachabaret” o “El show de Punkbi”. ¿Cómo usar el humor, el punk o el absurdo para hablar de cosas serias?

Luis Salazar: En un país como Colombia es muy fácil hablar desde el absurdo (no como purista de lo que fue el absurdo en la historia del teatro, el cine o la literatura) sino porque todo lo que acontece en este país no tiene lógica, razón, sentido, tacto, por no hablar de los políticos y de esa clase influyente de ladrones con corbata. A veces, somos tan absurdos, tan surrealistas, que todo esto nos da más risa que tristeza. Y más absurdos aún cuando elegimos a nuestros verdugos. No es tan complicado reírnos de nosotros mismos con elegancia y propósito a través de la obra. 

  1. Has sido tallerista en bibliotecas, colegios, fundaciones y festivales. ¿Qué has aprendido del encuentro con otros cuerpos, otras voces, otros públicos?

Luis Salazar: Puro cuento. He aprendido más de los participantes que lo que ellos han aprendido de mí.

  1. Desde la poesía hasta el cine independiente, tu obra tiene algo de resistencia. ¿Qué significa para ti crear desde un lugar como Tuluá? ¿Qué lugar ocupa la rabia, el amor o la memoria en lo que haces?

Luis Salazar: Toda mi obra es resistencia, incluso, resistencia hacía ella misma. A veces uno se detiene, a veces todo pesa sobre el teclado y no puedo hablar de rigurosidad sino de pereza, de no querer hacerlo, de vomitar hacia adentro, pero finalmente se hace, para mí eso es un tipo de resistencia. 

Crear desde tuluá es siempre un reencuentro con ese niño que recorrió las calles de la escuela a casa (y se perdió), de la casa al colegio, que fue de barrio en barrio con su equipo de microfútbol a retar a otros equipos en tiempos juveniles, que caminó con su mamá y hermanos por la orilla del río viendo el alumbrado…que recorrió siempre la ciudad y que luego esa ciudad fue mucho más interesante cuando empezó a retratarla en sus poemas irreverentes y ahora en su cine. Nacer aquí, poder narrar a Tuluá siempre va a ser de los peores privilegios y la satisfacción es el reencuentro con ese niño, con su mariposa tecknicolor y con los amigos que se hicieron en la ruta que son y serán siempre el detalle de fina coquetería que no puede faltar en la obra.  

De la rabia, el amor, la memoria hablé en todo lo que respondí. La rabia es el motor, el amor es la gasolina en mis poemas y la memoria es la velocidad a la que puedo ir, pero siempre recordando la carretera por la que pasé, los accidentes, los semáforos en rojo y las infracciones que cometí.  

   8. Eres cofundador del Festival Internacional de Cine Tuluá Borikén. ¿Cómo nace esta iniciativa y qué papel crees que juega el cine en los territorios más allá de la industria?

Luis Salazar: Somos fundadores, mis amigos y todo el público que fue a la primera versión del festival. 

La idea del festival de cine nace en una reunión virtual que tuve con el cineasta puertorriqueño Skip Font (fundador), donde se pretendía traer su película Rémora a salas de cine en Tuluá. Alejandra Echeverri, poeta, estuvo con nosotros para ayudar a coordinar su presentación en el pueblo, ella fue la que mencionó por primera vez que se podía hacer un festival y presentar la película en uno de los días de proyección en vez de solo mostrarla y ya. La reunión resultó fallida y no se dieron las cosas por diferencias de tiempo. 

Yo me puse en la tarea de la terquedad y comencé a escribir el proyecto del festival, fui a diferentes instituciones y ninguna me puso cuidado. Con Luis Felipe “Pinki” (Fundador), actor de la película Los Conductos de Camilo Restrepo y quien comenzaba a interesarse por el proyecto fuimos donde el director del departamento de Arte y Cultura Jhon Fredy López que tuvo la osadía de decir “traiga todo el festival para acá y le doy lo que necesite”, porque la idea era hacerlo (como lo hemos hecho) ambulante y no solo en un lugar, para llevar el cine a diferentes públicos pensando en la democratización del arte y la participación de otras comunidades. Pinki y yo terminamos aceptando por cansancio de tantos lugares que habíamos visitado fallidamente.    

Después de esa reunión terminamos contentos porque era más que seguro que el evento se realizaría allá con fondos de arte y cultura. Le quedé de llevar el proyecto terminado y las cifras concretas. Después de buscarlo tres veces no dio más cara, saqué una cita con él y se demoró quince días (más que Emssanar). En ese tiempo entró Daniel Jiménez a revisar mi proyecto, a darme alguna que otra asesoría para escribirlo mejor. Una tarde llegué al departamento a cumplir con mi cita y Jhon Fredy no estaba, su secretaria dijo que dejara el proyecto para revisarlo y yo, ingenuo, lo iba a dejar, de momento llegó Daniel Jiménez a decirme que no lo dejara. Ese día Daniel Jiménez hizo parte del proyecto y nos llevamos el festival a otros lugares, a tocar miles de puertas para recaudar fondos y conseguir espacios. 

Luego llegó Carlos Jiménez, productor y cineasta de Puerto Rico a ser fundador y parte del festival. Con Carlos se han planteado buenas ideas y colaboraciones. Seguramente tendremos buenas noticias en un futuro cercano. 

Se pudo construir un festival, unos espacios sólidos para que las personas vayan a ver cine una semana y conozcan nuevas realidades con talleres abiertos y gratuitos a todo el público con participación de cineastas de talla nacional e internacional. 

Muchas de las instituciones, personas a las que nos hemos tratado de vincular han sido poco inteligentes y visionarias, pues no le han dado la verdadera importancia que requiere este proyecto altamente potencial para la comunidad y el desarrollo de una industria cinematográfica, sin embargo, otras han prestado su apoyo fraterno con el festival como empresas y marcas puertorriqueñas y locales y hemos podido sacarlo adelante.

Podría hablar más, decir que en Tuluá no existe un reconocimiento a la industria cinematográfica (porque para las instituciones no existe), que estamos más cerca de la edad media (con celulares) que al futuro, que nos importa más el cemento y los puentes, las cifras, los contratos y que, para el departamento de arte y cultura es más importante la pose en Instagram y no un verdadero desarrollo del arte y la cultura en el municipio, un verdadero acuerdo con los colectivos independientes que surgen en este pueblo. 

Podría hablar más, pero vayan a comprar y a leer mis libros. 

No siendo más, gracias a Julián por este espacio, por la difusión y por este gran trabajo que está logrando.

Leer a Luis Salazar es dejarse atravesar por la ciudad, la infancia, la rabia justa y la poesía que no se vende en librerías. Desde CULTURALT, te invitamos a buscar sus libros, seguir sus proyectos y dejarte contagiar por la terquedad poética de un autor que sigue creyendo que escribir, amar y luchar aún valen la pena.

Artículos que no aburren. Desde historias que inspiran hasta ideas que sacuden, aquí lees lo que realmente importa (y entretiene).

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